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Fase de Styling: donde la idea toma forma

2/18/2026

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Desarrollo profesional en automoción

El sol todavía no calienta del todo cuando llegas al edificio principal del centro de diseño de Shevret, en Turín. La fachada metálica refleja la luz de la mañana con un brillo que casi te ciega, mientras el murmullo de los equipos que ya comienzan a trabajar llega desde el hall. Un aroma intenso a espresso recién hecho flota en el aire, mezclándose con el leve olor a pintura y modelado de maquetas. Cerca del acceso, un par de antiguos Cinquecentos aparcadoss parecen guardianes silenciosos de la ciudad y del tiempo: estás en Italia, en el corazón del diseño automotriz europeo.

Ayer dejaste atrás la inmersión en el lenguaje de diseño y los prototipos, y hoy sabes que te espera algo distinto: aquí empieza la fase del styling, el punto donde el concepto se convierte en forma, donde las ideas dejan de ser abstractas y comienzan a ocupar espacio, volumen y proporción. En Shevret, cada nuevo modelo atraviesa un largo proceso de desarrollo, y el styling es uno de los más exigentes. Aquí convergen la creatividad, la ingeniería y la estrategia comercial. Vas a recorrer, paso a paso, cómo se construye la identidad estética de un vehículo dentro de un gran fabricante.

Tu objetivo no es crear el coche de hoy, sino imaginar el que se verá en las calles dentro de cinco años, este detalle es clave y es lo que realmente diferencia a un líder del sector del resto. Por eso, ahora descubrirás cómo se desarrolla esta fase dentro de una marca y cómo evoluciona el diseño automotriz como herramienta estratégica.

También te preparé para lo que vendrá después: en la siguiente entrega, profundizarás en el diseño actual y comenzarás tus primeros bocetos guiado por el equipo de Luppo Design, quiénes ofrecen un diploma de diseño realmente brillante. 

Tanto el programa avanzado en estrategia y diseño automotriz que hiciste, como el libro: Domina el negocio del automóvil: Guía Completa de Estrategia y Diseño de Coches están pensados para darte una visión global del negocio de la automoción, desde la idea inicial hasta la comercialización. No podrás dominar cada área en detalle, pero aprenderás a moverte con criterio por todas ellas y, si quieres, ascender a posiciones directivas con facilidad con el programa acelerador. 

Fases del Styling de Automóviles

Entras al hall y tus ojos buscan indicios de cómo funciona todo. Una discreta recepción, mesas llenas de maquetas y bocetos, diseñadores que se mueven con precisión, concentración y energía contenida. Quieres ir más allá, descubrir cómo se organiza todo, y tus pasos te llevan al ascensor.

Lo miras un instante: nada de números. Solo tres botones dispersos, de colores rojo, naranja y verde. Ninguna indicación, ningún número que indique la planta, ningún cartel. Tu curiosidad te aprieta el pecho: ¿será un código interno? ¿Un orden secreto de trabajo? Presionas uno de ellos al azar, el rojo, y el ascensor se mueve suavemente, con un zumbido contenido. Mientras subes, no puedes evitar sonreír: cada piso guarda un misterio, cada color quizá un destino distinto…

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1. Concepto 

Tras marcar el botón rojo, la puerta se abre y entras en la sala de bocetado. Un golpe de aire cargado de creatividad te envuelve: el olor a papel, a grafito y a un leve rastro de tinta te golpea de inmediato. La sala vibra con energía, un zumbido casi eléctrico que parece recorrer el suelo, los muebles, hasta tus propios dedos. Cada mesa está llena de hojas, apiladas, pegadas, dispersas; algunas manchadas de lápiz, otras tachadas con rotuladores de colores, como si cada error fuera un pequeño relámpago de aprendizaje.

Cientos de hojas cubren las paredes, clavadas con clips o pegadas con cinta, formando un collage caótico y perfecto: líneas rápidas que trazan capós alargados, perfiles imposibles, proporciones extremas que desafían la lógica, bocetos que parecen moverse bajo la luz fluorescente. Cada línea tiene intención, fuerza, una historia escondida de quién la dibujó y por qué. Escuchas el rasguido constante de lápices sobre papel, el golpe seco de reglas metálicas sobre mesas, el leve murmullo de diseñadores comentando ideas en voz baja, como conspirando con los coches que todavía no existen.

El botón rojo parece emitir su propia orden silenciosa: “Stop. Crea. Y luego crea más”. Aquí no hay prisas, no hay límites de tiempo. Cada boceto es un universo en sí mismo, y el aire parece cargado de infinitas posibilidades: formas que podrían desafiar la aerodinámica, líneas que podrían convertirse en la silueta de un icono, superficies que podrían dominar la mirada del público dentro de cinco años.

Te mueves entre las mesas, notas cómo los lápices vuelan de mano en mano, cómo los diseñadores inclinan la cabeza, ajustan proporciones, borran y vuelven a trazar con una precisión casi obsesiva. Puedes casi sentir la tensión en el aire, la presión de convertir un concepto abstracto en algo tangible, real, vendible. La sala te absorbe; no eres un observador, eres parte del proceso, aunque solo sea como aprendiz fascinado, respirando el mismo aire, tocando la misma mesa donde nacen las primeras líneas del coche que algún día dominará la calle.



Recuerda que tu tarea en Shevret es diseñar el próximo coche que saldrá a la venta, por ello, estás visitando todas las áreas para tener un conocimiento absoluto, algo, que está únicamente reservado a los altos directivos de las marcas, normalmente, inalcanzables pero que, dedicaron un tiempo muy valioso de su tiempo en ayudar a crear todo este programa que estás viviendo, como en los MBAs prestigiosos... sin pagar, así que, aprovéchalo. 

Visitas al equipo que da inicio a la fase conceptual, acorde a lo especificado en tu producto concept.  Te explican que aquí se desarrollan las ideas preliminares basadas en tus requisitos de desarrollo y fabricación del nuevo modelo, o en un restyling de uno ya existente, según hayas decidido reflejar en tu product concept... ese documento ultra secreto que has guardado con recelo desde la segunda semana de esta aventura,

Ahí incluyes datos técnicos —distancia entre ejes, volumen del maletero, altura máxima, peso objetivo—, pero también directrices de identidad y mercado: quién lo conducirá, qué emociones debe despertar, en qué contexto se moverá.

Conversas para poner al equipo a trabajar, esperando que te entregen una decena de bocetos...pero, la realidad es bien distinta, un coche no se diseña a la ligera, ni tan siquiera en la fase de sketching. De hecho, se generan entre 1.000 y 2.000 bocetos distintos antes de que una propuesta se acerque siquiera a la elegida. A medida que el concepto avanza, el equipo comienza a considerar factores de viabilidad: los costes de fabricación, la maquinaria disponible, la mano de obra requerida. Si el diseño es especialmente disruptivo o incorpora nuevos materiales, estas restricciones se vuelven más evidentes. 

Diseñar un coche único para un cliente es un proceso artístico; diseñar un modelo que se producirá en masa es una carrera de fondo donde cada decisión tiene consecuencias industriales, y su aprobación está en mano de los decisores de la industria, los que realmente manejan los hilos de la industria. 

Encuentras a Alessia, te observa un momento y sonríe:

—Si has llegado hasta aquí es porque has dado un paso que muy pocos dan.

Y entonces caes en la cuenta. No es casualidad que estés viendo todo el proceso del desarrollo de un automóvil de principio a fin. Esta experiencia te coloca en un nivel al que accede menos del 1% de los profesionales del automóvil. Estás allanando tu propio camino al éxito casi sin darte cuenta, solo te faltará entender el tablero de juego, pero las piezas, las controlarás.

Quién sabe… quizá, cuando termine esta aventura, el siguiente salto sea el mismo que dieron muchos de los que hoy deciden en esta industria: formarte con algo como el Programa Acelerador y dominar no solo el diseño, sino el negocio completo del automóvil. Aquí, en Shevret, ese pensamiento ya no suena imposible. Suena lógico.


2. Propuesta

Han pasado semanas explorando la primera planta, perdiéndote entre bocetos, hojas y mesas llenas de creatividad. Cada mañana empezaba igual: un espresso humeante en un café cercano, un brioche dulce recién horneado que el olor te hacía girar la cabeza, calles de Turín todavía dormidas y el reflejo dorado del sol sobre los adoquines.

Hoy, sin embargo, la rutina cambia. Subes al ascensor y marcas el botón naranja. La puerta se cierra y sientes un pequeño cosquilleo: estás a punto de entrar en la segunda fase de styling, la propuesta, donde las ideas empiezan a tomar forma más concreta y la creatividad se enfrenta a la realidad de la fabricación.


En esta segunda fase, los bocetos seleccionados han pasado a modelos tridimensionales.

La tensión se palpa en el estudio: pronto llegará el momento en el que la jefa de diseño, Alessia, defienda la propuesta final de todo el equipo, en este caso excepcional, lo hará contigo ya que eres el responsable del siguiente modelo de Shevret. 


Avanzas por la sala y te detienes un instante: los diseñadores están de pie frente a los responsables de cada área técnica —carrocería, suspensiones, motores, ergonomía, aerodinámica—, exponiendo sus bocetos como si cada línea fuera un argumento de batalla. Uno señala un capó demasiado largo; otro frunce el ceño frente a un detalle de los retrovisores. Hay murmullos, dudas, ajustes que se dibujan en el aire.

Aquí no sirve dibujar bonito. Cada decisión se discute con precisión quirúrgica. Un diseñador que solo sabe trazar líneas en su casa se perdería en minutos. Los que de verdad importan conocen la estructura completa del coche: pueden explicar por qué una curva existe, cómo un pliegue afecta a la aerodinámica, qué impacto tendrá en la producción y en el mercado. Estética sin fundamento técnico: condenada al olvido.

Se escuchan cifras: costes que saltan de una calculadora a otra, tiempos de fabricación que condicionan decisiones, volúmenes que limitan ambiciones. El departamento financiero cuestiona la viabilidad, los ingenieros la factibilidad, marketing comprueba que todo encaje con la identidad de la marca. Cada línea dibujada tiene que sobrevivir al juicio de todos ellos.


Respiras hondo mientras observas, y entiendes algo que no está en los libros: aquí se distingue al creador del mero artista. El que domina esta sala no es quien dibuja mejor, sino quien justifica cada línea, cada proporción, con lógica, estrategia y propósito. Esa es la diferencia entre crear algo bonito… y crear algo que realmente pueda existir en el mundo.

Y si mientras lees esto notas que te falta un marco, un método, una visión global para conectar diseño, ingeniería, costes, posicionamiento y estrategia, entonces ya conoces el camino: esa es justo la base que obtendrás en el libro: Domina el Negocio del Automóvil: Guía Completa de Estrategia y Diseño de Coches.
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libro de coches

Del mismo modo, empiezas a notar algo que no se enseña en ningún otro lugar: en la sala está la diseñadora jefa, Alessia, con su mirada que abarca todo el vehículo como si fuera un tablero de ajedrez, mientras los demás diseñadores trabajan a su alrededor, cada uno concentrado en su línea, su boceto, su detalle.

Te das cuenta de que pensar como piensa quien aprueba o cancela un proyecto, quien ve el coche no como un dibujo aislado sino como un sistema completo, con cada pieza, cada curva, cada proporción conectada con ingeniería, producción y mercado… eso no se aprende solo. Eso se moldea, se pule, se desarrolla mano a mano, bajo la guía de quienes ya han navegado todas las fases de una marca.

Entonces recuerdas el Programa Acelerador: mentorías avanzadas de desarrollo profesional diseñadas justamente para esto, para transformar a un diseñador talentoso en un profesional estratégico, capaz de entender el coche como un todo, de tomar decisiones con visión y de influir en la dirección de un proyecto desde dentro. Esa es la diferencia que separa al creador de bocetos del verdadero arquitecto del automóvil.

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3. Decisión final

"Verde. Un solo pulsante. Respira… e decidiamo tutto"

El ascensor parpadea en verde y el aire parece cargarse de electricidad. Tomas aire y entras con Alessia, el corazón latiéndote como un tambor en el pecho.


El boceto ya ha sido decidido. Cada departamento técnico ha dado su aprobación, uno por uno, casi como un ritual: ingeniería, aerodinámica, ergonomía, producción. Los murmullos de los diseñadores se mezclan con el sonido metálico de bolígrafos sobre papel. Alessia se mueve con precisión, revisa un detalle, asiente con la cabeza, y tú sientes cómo esa autoridad envuelve la sala.

Respiras profundamente. Cada línea trazada, cada curva corregida, cada proporción ajustada durante semanas, ha sobrevivido al escrutinio más riguroso. Lo que hasta ahora era un boceto en papel, un sueño abstracto, se convierte en un proyecto real, con luz verde oficial, recursos asignados y un equipo listo para hacerlo realidad. El vértigo te golpea: no es tuyo, no es solo Alessia… pero estás allí, testigo de que una idea se ha transformado en compromiso.

Las manos te sudan, los sentidos te zumban. Cada detalle que antes parecía insignificante —una sombra en un capó, un pliegue de la carrocería— ahora pesa toneladas de significado. Todo es palpable, vivo, y el aire mismo parece contener la tensión de semanas de trabajo concentrado. El ascensor se prepara para subir, y mientras las puertas se cierran, sientes que dejas atrás no solo la sala, sino un capítulo completo de creación, debate y triunfo silencioso.

Frente a ti y a Alessia, el presidente del consejo y el CEO te observan con calma medida, mientras hojean los informes que llegaron desde los managers de cada departamento. Todo el trabajo previo, todas las aprobaciones técnicas, las revisiones de ingeniería, marketing y producción… ahora se resumen en sus manos, como si no se apreciara los miles de dibujos e ideas desechadas en el proceso. Y todavía pueden detenerlo, sin mediar palabra. 


El silencio pesa como un metal frío. Cada segundo se alarga mientras lanzan la primera pregunta:

—¿Cómo justifica este diseño los costes de producción sin comprometer la calidad? —pregunta el CEO, con la voz firme pero inquisitiva.

Alessia intercambia una mirada rápida contigo, apenas un parpadeo, y tú notas el cosquilleo de adrenalina recorriendo tu espalda. Respiras hondo y explicas la estrategia, la coherencia con la identidad de la marca, el equilibrio entre innovación y factibilidad.

—Y en términos de marketing… —interviene el presidente—, ¿cómo convencerá a un cliente que espera un coche familiar pero quiere algo fresco y diferenciador?

Tu corazón se acelera. Cada palabra debe ser precisa, cada justificación sólida, cada línea del boceto defendida con lógica y estrategia. Alessia te guía discretamente, un gesto, una mirada, y te sientes más seguro mientras respondes. Las preguntas se suceden: pequeños detalles de ingeniería, costes inesperados, decisiones de diseño radicales… toda pregunta para realizada para hacerte dudar.

Finalmente, tras un segundo que parece eterno, el presidente asiente y dice:

- “Il modello è approvato. Via libera!”

Un segundo de silencio absoluto, como si el mundo contuviera la respiración contigo. Y luego, un murmullo de aprobación, miradas que asienten, sonrisas contenidas. ¡La luz verde se confirma: el proyecto existe!. El coche deja de ser un boceto, una idea abstracta; se convierte en compromiso, en realidad que pronto cruzará calles y carreteras.

Respiras hondo y, por un instante, te das cuenta: todo lo que vino antes parecía un entrenamiento. Ahora empieza de verdad el camino. Cada decisión que tomaste, cada detalle defendido, tiene consecuencias reales. La adrenalina se mezcla con una extraña calma; la sensación de logro y la conciencia de responsabilidad se equilibran en un hilo invisible.

Sales con Alessia del edificio y la ciudad te envuelve: las luces del atardecer reflejadas en la Mole Antonelliana, la gran torre que domina el skyline de Turín, te invitan a detenerte. Camináis hasta la plaza cercana, llena de turistas que ya se retiran, cafés con terrazas vaciándose lentamente y el aroma a espresso flotando en el aire. Te sientas en un banco, dejando que la ciudad respire a tu alrededor.

Mole Antonelliana sobresaliendo en Turín
Mole Antonelliana sobresaliendo en Turín

Mientras pruebas un café humeante y un bocado de gianduiotto —ese chocolate típico de Turín—, no puedes evitar mirar a Alessia y preguntar, un poco curioso, un poco inseguro:

—¿Cómo llegaste tú hasta aquí? —dices, señalando de manera vaga el edificio de diseño, los coches, la sala de decisiones--. ¿Cómo se convierte alguien en diseñadora de coches?

Alessia sonríe, y por un instante su mirada combina complicidad y advertencia:

—Paso a paso —responde—, con paciencia, errores, aprendizaje constante… y sobre todo con la mente abierta para entender que diseñar un coche no es dibujar curvas bonitas. Es pensar en sistemas, en personas, en estrategia. Si quieres, mañana te llevaré a una sala muy especial para que aprendas más sobre esto... por hoy, toca celebrar y descansar.

Te apoyas en el banco, saboreando el chocolate y el café, dejando que esa mezcla de orgullo y curiosidad se asiente en el pecho. La luz verde ya no es solo un sello en un papel: es la promesa de todo lo que viene.

... al día siguiente ...
¿Cómo trabajar en el styling de coches?

Tal y como prometió Alessa, al día siguiente, te lleva a la sala de mentorías de Shevret, donde los nuevos diseñadores reciben orientación sobre cómo avanzar en el styling automotriz. Frente a ti, sobre una mesa de madera clara, descansan bocetos de modelos conceptuales y un panel digital con renders que muestran distintas etapas de desarrollo. En el fondo, el logo de Luppo Design aparece proyectado. Aquí no se habla de sueños abstractos. Se habla de estrategia profesional.

Te explican que la conexión entre la academia especializada en diseño, los profesionales en activo y la industria automotriz es la base del éxito en este campo. No se trata solo de aprender a dibujar coches, sino de integrarte en un sistema que une la planificación y metodología, el diseño y la fabricación del producto. Esta unión entre estudiantes, mentores y proyectos industriales genera valor real: fortalece los procesos, refuerza la identidad de marca y consolida una visión comercial y estratégica coherente.

Luppo Design, referente en la formación en diseño automotriz, te recuerda algo esencial:


“Si deseas diseñar coches, estructura tu búsqueda. No se trata solo de bocetar, sino de construir una disciplina.”
Empiezas a entender que el styling no es un ejercicio estético, sino una práctica que exige paciencia, rigor y método. Los instructores que han acudido ese día a la sala, te insisten en lo básico: dominar las líneas rectas, los círculos y los trazos libres con el brazo suelto, antes de intentar capturar la esencia de un coche. 

Los profesores invitados de Luppo Design sostienen que, al inicio, debes ser autodidacta. Esa etapa es imprescindible para desarrollar intuición, curiosidad y capacidad crítica. Pero llegará un punto en el que el avance se estanca. Ahí es cuando entra en juego la formación profesional, ya sea académica o práctica, que te conecta con mentores y expertos capaces de mostrarte fundamentos sólidos del diseño automotriz. En Shevret, ese punto de transición está claramente marcado: "cuando tus bocetos dejan de ser ejercicios y empiezan a ser propuestas serias y justificadas".

Los programas más reconocidos se construyen con un enfoque personalizado: potencian tus habilidades técnicas, refuerzan tu pensamiento crítico y te preparan para construir un portafolio competitivo. Ese portafolio es tu carta de presentación ante las marcas. Cada línea, render o maqueta debe reflejar valor: dominio del proceso creativo, coherencia estética y comprensión técnica tanto del producto, como del mercado y del negocio automotriz. 

Te recalcan algo fundamental: puedes estudiar en la mejor escuela, tener profesores de marcas legendarias y proyectos con centros de diseño de primer nivel, pero si no te comprometes con la oportunidad, el acceso profesional será difícil. El styling automotriz no se improvisa; se entrena.

Mientras escuchas, algunos compañeros levantan la mano para preguntar sobre el acceso a estas instituciones. Los mentores son claros: no siempre es fácil. Los motivos pueden ser económicos, burocráticos o de portafolio. Pero según la experiencia de Luppo Design, ninguno de esos obstáculos es definitivo. Existen becas, universidades públicas, programas mixtos e incluso caminos alternativos para quienes se preparan con anticipación y diseñan una estrategia de entrada bien estructurada.


Luppo Design te habla directamente, con tono sereno y cercano:

“La clave está en planificar tu camino antes de dar el salto. Decide qué tipo de escuela encaja contigo, prepara tu portafolio con coherencia y busca asesoramiento. Cada trazo que practiques hoy puede convertirse mañana en la línea maestra de un proyecto real.”

Debes aprender a pensar, a construir y a decidir como un diseñador de automóviles profesional.

Al terminar la jornada, sales del edificio de Shevret con la cabeza llena de ideas y el cuaderno más pesado que por la mañana. Turín empieza a iluminarse y las sombras de los edificios históricos se mezclan con el rumor de las motos que pasan. Caminas hacia tu apartamento, con esa mezcla extraña entre agotamiento y entusiasmo que solo aparece cuando sientes que estás creciendo de verdad. Esa noche, mientras miras por la ventana y repasas mentalmente todo lo aprendido, entiendes que este camino es tan desafiante como adictivo.

... al día siguiente
A la mañana siguiente, Alessia te espera ya en la puerta del estudio.
—Hoy toca ver el pasado para entender el presente —dice con una media sonrisa.

Subís a la Vespa y os dirigís juntos a uno de los museos automotrices más emblemáticos de Italia, donde los íconos del diseño y la ingeniería te esperan para seguir completando tu formación.

Aparcáis la Vespa frente a la entrada del museo, todavía con el sonido del motor resonando en tus oídos. Alessia se quita el casco con un gesto ágil y te señala la puerta acristalada.

—Vamos —dice—. Hoy no venimos a mirar coches… venimos a aprender a verlos.

Cruzáis el vestíbulo, entregáis las entradas y el silencio solemne del lugar os envuelve. Un guía os indica la primera galería y avanzáis hacia ella.

Al girar una esquina, tu mirada se cruza con un coche pequeño, casi ingenuo en su simplicidad. Al principio piensas que es un proyecto de estudiantes o un experimento divertido, un “hobby car” de alguien que se aburría. Pero al acercarte, la placa te indica “1919 – Briggs & Stratton Flyer”. Tu mente se detiene: estás viendo un coche original de 1919, no una réplica ni una maqueta. Es sorprendente cómo aquel diseño rudimentario fue capaz de cumplir su función y, al mismo tiempo, sentar las bases del pensamiento automotriz que verás en los años siguientes.
“1919 – Briggs & Stratton Flyer
“1919 – Briggs & Stratton Flyer
 La luz cenital recorre las filas de maquetas de Corvettes, todas ellas originales, alineadas con precisión milimétrica, cada una mostrando cómo cambió el lenguaje de diseño a lo largo de las décadas. Caminas lentamente, observando las líneas, las proporciones, los volúmenes, y notas cómo cada diseño refleja decisiones estratégicas: aerodinámica, percepción de potencia, ergonomía, y deseos del consumidor.

Mientras caminas entre las maquetas de Corvettes, reflexionas: la evolución del diseño no se trata solo de estética, sino de anticipar tendencias, tecnología y necesidades del mercado. Cada curva, cada capó alargado, cada proporción responde a decisiones estratégicas que influirán en el coche que verás cinco años más tarde en producción. No se trata de coches del pasado; se trata de lecciones vivas que guían la creación del futuro.

Mientras avanzas entre las filas de maquetas, tu mirada se detiene en un Packard de los años treinta. Observas su capó larguísimo, los cromados frontales y la postura dominante del vehículo. A primera vista parecen simples adornos de otra época… pero no lo son. Empiezas a comprender que incluso en esos coches tempranos ya existía una intención estética clara: alargar el capó para sugerir potencia, dar presencia visual al frontal, crear una “cara” reconocible.

Y entonces te cae la ficha: esas decisiones, nacidas en coches con motores enormes colocados delante, siguen vivas hoy… incluso en deportivos eléctricos como el Porsche Taycan, que no necesita un capó tan largo para razones mecánicas. Sin embargo, lo mantiene. ¿Por qué? Porque el cliente sigue asociando esa proporción a deportividad, prestigio y rendimiento, aunque el motor ya no dicte la forma.

Continúas hacia otra sala, ... Lees las placas informativas: en 1927, General Motors crea probablemente el primer departamento de diseño en un fabricante de automoción, confiando su dirección a Earl. Te sorprende la descripción: él tuvo que enfrentarse a un ejército de ingenieros y managers que consideraban el diseño un lujo innecesario, algo superficial que no influiría en las ventas ni en la ingeniería. Earl estaba solo, y aun así logró imponer la idea de que la estética no era solo decoración, sino estrategia de mercado y diferenciación.

Observas una maqueta en arcilla frente a él, y de repente entiendes por qué es tan icónica: Harley Earl no solo introdujo los bocetos y modelos en arcilla en la industria norteamericana, sino que prácticamente creó la profesión de diseñador de automóviles en Estados Unidos. Te explicas mentalmente cómo introdujo innovaciones que hoy nos parecen obvias: la computadora en el automóvil, los cromados, la pintura bicolor, el techo duro en los descapotables… Cada decisión debía responder tanto a las preferencias del mercado como a los procesos productivos del momento. Earl entendió antes que nadie que embellecer los objetos no era un capricho: incentivaba la compra y creaba identidad de marca. Esta capacidad de conectar el diseño con el mercado (la venta, los negocios...) es lo que hace que a día de hoy sea referente.. y tú, amigo mío, estás haciendo exactamente lo mismo: Aprendiendo a conectar ingeniería, diseño y negocios como nunca nadie lo hizo antes. 


Harley Earl diseño automocion

Mientras sigues caminando, piensas en la presión que debió sentir: remar contra un sistema que veía el diseño como superficial, defenderlo ante jefes escépticos, y aun así conseguir que cada detalle estético tuviera sentido y propósito. Una lección clara para ti: incluso hoy, con todo el acceso a datos e información, el diseñador debe saber justificar sus decisiones más allá de la intuición o el impulso creativo.  

Te mueves por la sala del museo y, entre maquetas y paneles explicativos, te topas con una plancha metálica y un taladro, apoyados de manera casi casual sobre una mesa. Tu primer instinto es pensar que están ahí por error, restos de algún mantenimiento.

​Pero un pequeño cartel al lado lo desmiente: “Norman Bel Geddes – Streamlining”.


Norman Bel Geddes – Streamlining
Norman Bel Geddes – Streamlining
Te acercas, intrigado, y encuentras un botón marcado como “Proyección”. Sin dudarlo, lo presionas. La pared frente a ti se ilumina y, en segundos, te ves transportado al Nueva York de los años 30. Escenas en blanco y negro muestran talleres de diseño, coches y objetos cotidianos transformándose bajo la mano de Geddes. La narración comienza:

El styling, te explican, no era solo sobre estética: también estaba ligado a mejorar procesos de producción y reducir costes, pero introdujo algo mucho más sutil: la obsolescencia programada. No se trataba de hacer productos peores; al contrario, era una estrategia para generar un deseo constante de compra, introduciendo modelos más novedosos, con cambios estéticos o tecnológicos.

Luego aparece Norman Bel Geddes, en traje, gesticulando sobre un modelo de coche que parece fluir como si cortara el aire. La voz te guía: él desarrolló el streamlining, un estilo que estiliza los vehículos con cromados y formas aerodinámicas que, en muchos casos, no tienen función mecánica real. Se proyectan imágenes de cafeteras, radios y coches, todos siguiendo esas curvas futuristas. La idea es clara: no importa si realmente reduce la resistencia al viento, lo que importa es la sensación de velocidad y modernidad que transmite.
 Norman Bel Geddes,
 Norman Bel Geddes,
La proyección te lleva a comprender la doble genialidad de Geddes y su generación:

Función estética y comercial: las curvas y cromados no solo atraían a los clientes, sino que transformaban la percepción del producto, creando un estilo propio para la juventud norteamericana, desligado de Europa. Cada diseño, cada exhibición en showrooms, era una herramienta de marketing visual.

Función productiva: en paralelo, las formas curvas facilitaban la prensabilidad del acero, ocultaban remaches y uniones, haciendo más sencilla la construcción de los vehículos. No es solo estilo; también era ingeniería discreta.
Mientras observas los coches proyectados flotando en el aire, entiendes cómo este movimiento cambió la industria automotriz: la estética dejó de ser secundaria y pasó a definir la estrategia comercial, los anuncios y la experiencia del cliente. No solo se vendía un coche; se vendía una idea, un sueño, un estilo de vida. Incluso hoy, te explican, este principio sigue vigente, adaptado a nuevos modelos de negocio como el car-sharing o el diseño de vehículos eléctricos, donde la estética todavía guía la percepción del cliente más allá de la función.

El botón se ilumina nuevamente y la proyección termina. Te quedas allí, con la plancha y el taladro delante, pero ahora comprendes que cada objeto, cada línea curva y cada cromado que viste en esa época no era casualidad, sino parte de un diseño estratégico que unió estética, producción y psicología de consumo. Te sientes dentro de la historia, entendiendo por qué Geddes no solo fue un diseñador: fue un visionario que enseñó que la forma puede vender tanto como la función.
Te das cuenta de que estás viviendo algo más que una lección de historia: estás frente a un cambio de paradigma, similar al que inició Harley Earl en 1927. Mientras contemplas los objetos, los modelos y los cromados que definieron una era, tu mente da un salto hacia el futuro. No puedes evitar recordar algunas historias que descubriste mientras leías y descubrías el libro La Historia Prohibida del Automóvil: secretos, prototipos olvidados y decisiones que nunca llegaron a contarse. Y entonces te preguntas, casi en silencio: ¿qué pasaría si algún día aquí, en este museo, hubiera una placa con mi nombre?
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Observas cómo, en la actualidad, lo primero que se comunica de un coche son sus funciones, la conectividad, las emisiones… Nada de estética pura. Es un cambio de mentalidad tan profundo como aquel que introdujo Earl hace casi un siglo, pero esta vez no tiene nombre. Quizá, reflexionas, podría ser el tuyo… si decides dar el siguiente paso y formarte de la mano de quienes ya recorrieron ese camino.

 [Ejercicio puntuable] – Déjalo en comentarios.
Se te ocurre un ejercicio práctico y fascinante: analizar el cambio de paradigma actual desde el diseño inverso. Observar los comerciales, los anuncios y los argumentos de venta, y a partir de esos mensajes, diseñar el vehículo completo. Un proceso al revés, donde el mensaje guía la forma, la estética y hasta la experiencia del conductor. 

Antes de continuar, haz esto —y compártelo en comentarios: Busca en YouTube un anuncio de coche de cualquier época (años 60, 80, 2000… lo que quieras).

Anota modelo y año.

Identifica qué mensaje domina el anuncio: ¿seguridad? ¿potencia? ¿familia? ¿status? ¿velocidad? ¿tecnología? ¿libertad?  - ? Esto te dará una idea clara de en qué se enfocaba cada época y qué debía destacar el diseñador, siempre coherente con la identidad de la marca. Además, cuando compares tus conclusiones con las de otros compañeros, verás patrones recurrentes que te ayudarán a comprender la evolución de las prioridades en el diseño automotriz.

Es un ejercicio simple, pero te entrenará a pensar como un diseñador estratégico: entender el mensaje antes que la forma.


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Nota: El ejercicio se responde al final de la entrega, donde pone “Leave a Reply”. Solo tienes que hacer scroll hasta abajo del todo (incluso después de los comentarios), escribir tu respuesta, indicar un nombre o nick y tu correo. El campo de página web aparece por defecto, pero no hace falta rellenarlo.

Mientras sigues recorriendo la sala, tus ojos se detienen en un panel explicativo junto a otra plancha metálica ligeramente inclinada. Observas las fotos de los coches streamline de los años 30, y por un instante piensas que todo eso era solo estética, puro capricho. Pero un botón rojo parpadea discretamente al lado de la plancha: lo presionas, y un proyector antiguo cobra vida.

De la luz emergen imágenes de Paul Jaray y su laboratorio, mientras escuchas su historia proyectada: fundador de Stromlinien Karosserie Gesellschaf, Jaray fue el padre del streamlining técnico, el verdadero artífice de los primeros coches aerodinámicos. Sus prototipos no eran comerciales; eran experimentos que luego influirían en fabricantes valientes como Tatra con su modelo 77, y, en menor medida, Maybach. Incluso Chrysler y Peugeot tuvieron que pagarle regalías por patentes que aseguraban su diseño.
Paul Jaray
Paul Jaray
Paul Jaray
Paul Jaray
Mientras las imágenes cambian, notas cómo el streamlining comercial de Norman Bel Geddes se cruzó con estos avances técnicos: las líneas curvas y cromadas que veías en los coches de exposición no siempre tenían sentido funcional, pero sí conectaban estética y marketing, seduciendo al público y moldeando la percepción de velocidad y modernidad.

Avanzas un poco más y llegas a la sección de los años 40. La Segunda Guerra Mundial había cambiado el panorama de la industria: tus ojos recorren los coches Pontoon, con pasos de rueda integrados y capós más abultados, faros que sobresalen pero que respetan la línea del conjunto. Observas cómo estas formas crean un efecto visual musculoso y elegante, algo que hoy llamaríamos homogeneización de líneas. Es curioso: lo que antes era innovación tecnológica y estética ahora es un principio básico de diseño, algo que se sigue aplicando, aunque con objetivos distintos, como los robo-taxis actuales donde los tres volúmenes tradicionales desaparecen en uno solo. Te das cuenta de que si entiendes esto último, si le prestas la atención necesaria, podrás alcanzar la cúspide dentro de la industria automotriz. Parece evidente, pero pocos están al tanto de esto.

Mercedes Sin Ponton (Imagen cortesía de Mercedes-Benz AG)
Mercedes Sin Ponton (Imagen cortesía de Mercedes-Benz AG)
Mercedes Con Ponton (Imagen cortesía de Mercedes-Benz AG)
Mercedes Sin Ponton (Imagen cortesía de Mercedes-Benz AG)

Mientras caminas entre estas maquetas y paneles interactivos, comprendes que la evolución del diseño no es solo un viaje estético, sino también un diálogo constante entre tecnología, mercado y cultura. Cada curva, cada cromado y cada volumen tiene detrás un propósito, un contexto histórico y un mensaje para el comprador. Y piensas: si algún día tu nombre aparece aquí, será porque entendiste este equilibrio y supiste proyectar un cambio de paradigma propio.
Sigues avanzando y el espacio se transforma. La luz cálida de las décadas anteriores se enfría, adoptando tonos industriales, metálicos. Frente a ti, una línea de maquetas muestra una clara transición: las curvas redondeadas se van tensando, los volúmenes se compactan, las proporciones cambian. En una vitrina, un pequeño cartel anuncia: 1960–1980: La era de la regulación y la producción masiva.

Te acercas a una de las maquetas de finales de los sesenta. En una esquina, un parachoques de plástico se muestra cortado, como si fuese una reliquia. Una voz grabada explica que uno de los primeros en usar este material fue el Pontiac GTO de 1968, un cambio que marcaría el rumbo del diseño automotriz. A su lado, un panel con luces muestra una línea temporal donde, unos años más tarde, el Renault 5 haría lo mismo en Europa.

Pulsas un botón y una animación se proyecta sobre la pared: coches de los 70 chocando a cámara lenta contra una barrera. El público de la época no lo sabía, pero estas pruebas transformaron la estética del automóvil para siempre. Las nuevas normativas exigían que los vehículos resistieran impactos de 5 mph sin daños. Los diseñadores tuvieron que adaptarse de golpe: ya no bastaba con hacer algo bello, debía sobrevivir a la colisión.

Te detienes frente a un módulo que muestra un parachoques experimental relleno de agua. Parece una broma, pero no lo es. Una pequeña nota lo explica: “El agua absorbía parte del impacto... aunque también se evaporaba.” A un lado, una serie de fotografías muestra los primeros modelos rediseñados a toda prisa, con grandes parachoques negros: no por elección estética, sino porque nadie había desarrollado aún una pintura flexible que resistiera la deformación del plástico.

Te sorprende pensar cómo una simple norma cambió la silueta del coche entero.

parachoques agua coche
parachoques agua coche
La siguiente sección, iluminada con luces frías y geométricas, te traslada a los años 80. Las líneas se vuelven rectas, los perfiles más simples, casi angulosos. Una pantalla muestra un esquema de producción industrial con robots soldando carrocerías a un ritmo hipnótico.

Un cartel dice: “Democratizzazione dell'automobile = Democratizzazione del design.”
museo coche años 80

Aquí entiendes que el diseñador ya no dibujaba coches para unos pocos, sino para millones. Las fábricas necesitaban producir más rápido, más barato, con menos margen de error. Las prensas de estampación de la época limitaban las formas, así que las curvas cedieron su lugar a los planos y las aristas. El diseño se volvió racional, funcional y repetible.

Te acercas a una maqueta con grandes ventanales. La placa lo señala: Greenhouse generoso, visibilidad máxima. En los años 80 el conductor debía verlo todo; no había cámaras, ni sensores, ni radares. La proporción entre cristal y chapa era casi equilibrada, y los pilares, delgados. Hoy sería impensable, pero esa era la lógica de un coche analógico.
​
En otra vitrina, ves distintos paneles de control de un Buick Riviera de 1986 con una pequeña pantalla táctil primitiva, junto a un Citroën BX Digit y un Renault 11 Electronic. La luz del módulo parpadea y una voz dice:

“Así comenzó la transición digital. El diseño automotriz empezaba a hablar con la tecnología.”
Buick Riviera de 1986
Renault 11 Electroni
Caminas unos pasos más y ves, al fondo, cómo las maquetas cambian de tono: los colores vivos de los 70 y principios de los 80 desaparecen, dando paso a grises, negros y tonos sobrios. En un panel se lee: ‘El color dejó de ser una emoción para convertirse en un signo de madurez industrial.’

Te detienes. Observas cómo, década tras década, el coche pierde volumen, gana precisión, se estandariza. Pero también notas algo más profundo: el diseño empieza a responder a las limitaciones tanto como a los sueños. Y en ese equilibrio —entre el deseo y la norma— es donde realmente se forja la identidad del automóvil moderno.
1990’s — La forma que rompió el viento

La última sala del recorrido se abre con un silencio casi reverente...

El espacio es blanco, limpio, iluminado con luz fría. Ya no hay carteles antiguos ni maquetas de metal pulido: ahora todo parece fluir, como si las curvas se hubiesen liberado del ángulo recto.

En las vitrinas, los modelos se vuelven suaves, redondeados. Las aristas de los 80’s se disuelven en superficies tensas y aerodinámicas. Una voz suave explica:

“Los avances en la estampación permitieron liberar al diseñador automotriz. La rigidez industrial se fue relajando. Por fin se podía dibujar con curvas.”

​Las ruedas crecen, los cristales se achican. La proporción cambia: el greenhouse se encoge y el metal gana terreno. Los faros y los parachoques ya no parecen piezas añadidas, sino parte del mismo cuerpo. Todo parece más aerodinámico, más orgánico… más psicológico.

En una pantalla se proyectan los primeros modelos con formas en cuña, esa silueta Gandini que parecía cortar el viento. En los noventa, la velocidad tenía forma. Un coche era deportivo si lo parecía. Y el público lo creía. Te sorprende pensar lo frágil que es la percepción: cómo un ángulo podía dictar una emoción colectiva.


“Diseñar no siempre es imaginar algo nuevo,” susurra la voz de la guía, ni recordabas que estaba a tu lado. “A veces es entender por qué seguimos creyendo que lo antiguo sigue siendo moderno.”

De pronto, las luces se atenúan. Un foco ilumina una silueta metálica, compacta, redondeada: un Audi TT de 1998. No está tras una vitrina. Está ahí, a escala real, sobre una plataforma giratoria muy lenta.

La guía cuenta:
“Cuando todos los deportivos eran afilados, Audi presentó esto. Un coche con alma y silueta de un VW escarabajo, pero espíritu de ruptura.”

Parece tan simple que cuesta entender por qué fue tan radical. Pero lo fue. El TT desafió el canon del coche deportivo. No necesitó aristas ni cuñas. Solo pureza. Y lo más curioso: lo logró con lo mínimo. Con pasos de rueda marcados, con un color aluminio que no era ostentoso, sino futurista.

Te acercas. En la pintura metálica se refleja tu rostro deformado, como si tú mismo fueses parte de esa curva continua. Piensas que quizás esa es la lección más importante:
que romper los moldes no es negar el pasado (como ha ocurrido con Jaguar), sino entenderlo tan bien que puedas doblarlo sin romperlo.


​Cruzas el vestíbulo mientras las luces se apagan poco a poco detrás de ti, como si alguien cerrara un telón invisible.

​Sales del museo.


Afuera, Turín sigue viva: la piedra antigua, el frío seco del norte de Italia, el murmullo lejano del tráfico. Caminas unos metros y te detienes frente a la Libreria Luxemburg. El escaparate está iluminado con una luz cálida; dentro, estanterías de madera cargadas de libros gruesos, de historia, de ingeniería, de ideas que no siempre llegaron a contarse del todo.

Sin pensarlo demasiado, entras. El olor a papel y madera te envuelve. Pasas entre los pasillos, rozando lomos de cuero y tapas en relieve, hasta que lo ves:
La historia prohibida del automóvil. No es un libro más; es un volumen que promete lo que el museo no pudo mostrar. Lo tomas entre tus manos. El peso del papel, la tinta y la promesa de secretos no contados te hace sonreír.

Mientras hojeas el libro, comprendes algo que ya intuías entre los pasillos del museo: todo lo que viste dentro —las maquetas, los iconos, los nombres grabados en placas de metal— es solo la historia que sobrevivió, la que fue aceptada, la que se podía enseñar. Pero hay otra historia. Una paralela, documentada, silenciada, que comienza siglos antes de Benz y atraviesa motores prohibidos, inventos olvidados y tecnologías adelantadas a su tiempo. La historia que casi nadie tuvo el valor de contar.

Sales de la librería con dos libros de coches bajo el brazo: La historia prohibida del automóvil y un volumen de styling automotriz que habías ojeado entre los estantes. Ahora, el aire de Turín parece distinto ahora: más vivo, más lleno de secretos escondidos, como si cada calle, cada coche antiguo y cada escaparate contara una historia esperando a ser descubierta.

Comprendes algo que ya intuías: la historia del automóvil no termina en museos, ni empieza donde te dijeron. Está ahí fuera, lista para ser leída, analizada y reinterpretada. Quizá pensabas que la historia era aburrida: fechas, nombres, cronologías. Pero no lo es. Cuando se cuenta bien, se disfruta. Te atrapa, te hace mirar el presente con otros ojos.

Y ahora, con estos dos libros en tus manos, la siguiente lección está clara: la teoría se queda corta si no la aplicas. La próxima semana tocará papel, boli y creatividad. Prepárate: pondrás en práctica todo lo aprendido sobre styling, y esta vez no será solo mirar… será hacer.
Recuerda: Cada comentario de valor en los retos semanales suma 0,75 puntos sobre 10. Para que sea válido, publícalo en las dos semanas siguientes a la salida de cada entrega. Siempre con el mismo correo electrónico.

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Soy Miguel Ángel Cobo, mentor de carrera profesional en el sector automotriz. Llegué de becario a CEO en automoción sin contactos ni enchufes, y ahora quiero enseñarte ese camino: tanto con este programa base como con las mentorías personalizadas.

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Contenido más estructurado y profundo, diferente al estilo narrativo que has recorrido hasta ahora, orientado a un aprendizaje real y serio. Además, tu reseña en Amazon, LibraryThing o Babelio es oro puro: ayuda a que el conocimiento llegue a más gente y a mantener este programa de forma gratuita.

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Cuantas más de estas acciones realices, más ayudas a que este programa siga abierto y gratuito, y que llegue a más personas.

Ci vediamo la prossima settimana… ¡y prepárate! La próxima sesión será práctica: papel, boli y todo tu estilo listo para aplicar lo aprendido sobre styling.
14 Comments
Jose Miguel Comesñana Medina link
2/20/2026 02:21:25 am

Me encanto

Reply
ALEJANDRO CARPENA
2/20/2026 10:11:02 am

Modelo y año: Ford Bronco 1970
Mensaje dominante del anuncio: Libertad y robustez. El Bronco se presentaba como un vehículo capaz de salir de la carretera y conquistar cualquier terreno, transmitiendo seguridad y autonomía para la aventura.
Conclusión personal:
“El anuncio del Ford Bronco 1970 se enfoca principalmente en la libertad y la robustez off-road, reflejando las prioridades de esa época y la identidad de la marca. El diseñador debía destacar este mensaje por encima de la forma, asegurando coherencia entre estética, técnica y mercado.”

Modelo y año: Jeep Cherokee 1990
Mensaje dominante del anuncio: Libertad y aventura. Los comerciales de la época mostraban al Cherokee como un vehículo capaz de llevarte a lugares remotos, combinando robustez con comodidad. El mensaje se centraba en la capacidad de salir de la ciudad y explorar, transmitiendo autonomía y espíritu aventurero .
Conclusión personal:
“El anuncio del Jeep Cherokee 1990 se enfoca principalmente en la libertad y la aventura, reflejando las prioridades de esa época y la identidad de la marca. El diseñador debía destacar este mensaje por encima de la forma, asegurando coherencia entre estética, técnica y mercado.”

Modelo y año: RAM Rampage 2026
Mensaje dominante del anuncio: Status y tecnología. La comunicación de la marca enfatiza que la Rampage es una pick-up compacta moderna, con mejoras técnicas y un desarrollo global que la posiciona como rival directo de la Ford Maverick. El mensaje transmite innovación, competitividad y prestigio dentro del segmento.
Conclusión personal:
“El anuncio del RAM Rampage 2026 se enfoca principalmente en la tecnología y el status competitivo, reflejando las prioridades de esta época y la identidad de la marca. El diseñador debía destacar este mensaje por encima de la forma, asegurando coherencia entre estética, técnica y mercado.”


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Diego Rodríguez
2/21/2026 12:17:10 pm

He escogido un anuncio del Audi TT de finales de los 90. Más que hablar de comodidad o espacio, el anuncio se centra en el diseño y en la sensación de ir a la última. El coche aparece casi como una escultura en movimiento, con muchos planos de sus curvas y de su silueta, mientras que las personas y el entorno apenas importan. También se subraya la tecnología y la precisión, dando la idea de que es un producto muy avanzado. En resumen, el anuncio transmite que conducir este coche es una forma de expresar personalidad y modernidad, más que una elección práctica para el día a día.

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renan legloire
2/24/2026 12:12:16 am

1993 / audi 100

https://www.youtube.com/watch?v=rrqhQbgtVfI

" Tiene el coche, tendra la mujer "

Hoy en dia, esta publicidad no podria salir. La imagen de potencia, confianza, hombre solido ya no esta acceptada en la sociedad.

Pero cuando salio, Audi intentaba desafiar marcas como Mercedes y BMW, y subir de nivel.

Como han llegado a esta publicidad? Un estudio de mercado que enseñaba que el comprador tipico de coches de alta gama era un hombre, un ejecutivo, que buscaba imagen de potencia y poder, bien sentado en su posicion de dominacion. No hacia falta hablar de motores o opciones del catalogo. Lo que se buscaba era el ego.

Guste o no, a funcionado, y Audi esta al nivel de sus competidores, cuando en los 1990, no tenia imagen.

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Carlos Mariano Pérez Salvador link
2/25/2026 08:31:46 am

Fantástica elección, fantástica publicidad, y gran análisis. Un saludo, compañero.

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Enol
2/25/2026 02:20:04 am

Yo voy a centrarme en el anuncio del BMW e46 coupé porque me salió por casualidad ayer en YouTube.

El anuncio muestra a un hombre explicando por qué había elegido las cosas que tenía en su vida, justificándolo con argumentos lógicos (la casa, el perro, la mujer, los hijos...)
Cuando lleva el momento de hablar del coche pasa de largo, y sale en pantalla: Nuevo serie 3 coupé. Se escapa a la razón.
Con esto el mensaje que querían transmitir creo que está claro. Puede que no fuese el coche más eficiente, pero sí era un coche que te iba a enamorar por las sensaciones que te puede aportar.

No es un simple medio de transporte o una herramienta, es una extensión de tu personalidad, un medio para disfrutar.

Justo en esta época se hizo también famoso el eslogan de ¿Te gusta conducir?

Ambos anuncios están relacionados con la idea que la marca quería transmitir. Libertad, pasión y disfrute son algunas de las sensaciones que se sienten al conducir uno de sus modelos y para los clientes no es ''solamente un coche''.

Reply
Carlos Mariano Pérez Salvador link
2/25/2026 08:29:41 am

He elegido uno de mis favoritos: Volvo C70 Coupé.
Os dejo algunos enlaces, por si es de vuestro interés ver alguna publicidad:
https://www.youtube.com/watch?v=950oVWRBnW0
https://www.youtube.com/watch?v=gKfQoBR495Y

Está claro que Volvo, a lo largo de los 80 y 90 promocionó la seguridad de sus vehículos, ante todo.
Como diseñador, lo que se extrae de la publicidad es que la marca quiere dar imagen de seguridad. A nivel de diseño, entiendo que esta proyección de la seguridad se puede transmitir, generando líneas en la carrocería que den la imagen de fortaleza. El grosor de las puertas es algo que también transmite mucha seguridad.
Aparte de la seguridad que se transmite en todas las publicidades de Volvo, en está época, de mediados-finales de los 90, en la marca se empezó a promocionar el diseño moderno y orgánico.
Pero, por encima de todo, al tratarse de un coupé, un deportivo, la publicidad trata de remarcar el carácter dinámico y ágil del Volvo C70. Igualmente, que con la seguridad, como diseñadores deberemos entender cómo diseñar líneas que provoquen sensaciones de agilidad y deportividad al primer vistazo.

El ejercicio de esta entrega, al igual que el material proporcionado, es fantástico.

Un saludo para todos.-

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Jose Miguel Comesñana Medina link
2/25/2026 11:19:40 pm

Me encanto

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Joel Marquez
2/26/2026 07:02:53 am

Elegí 3 anuncios, el primero es el del Ford sierra xr4 1984. El anuncio se enfoca en la deportividad, aerodinámica, modernidad y sensualidad. Apuntando a un público joven que buscaba un deportivo de calle moderno, bajo el concepto de "domine". El segundo anuncio es el del Renault laguna 1999. Se enfoca en destacar sus cualidades, como lo sofisticado, elegante, tecnológico y de alto confort. Apuntando a ser un sedan para la familia. El tercer anuncio es el de la Toyota Hilux 2005. Se enfoca en la "confiabilidad y la resistencia", aspectos representativos de la marca japonesa.

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Exequiel Anzardi
2/26/2026 08:21:30 am

Para esta entrega elegí la publicidad de la Ford F-100 del año 1974. El mensaje dominante del anuncio es la confianza y la robustez del vehículo. La acción de arrojar la camioneta desde una altura considerable, algo impactante para la época, buscaba demostrar de manera directa su resistencia estructural y su durabilidad.

El comercial resulta efectivo porque no se apoya en especificaciones técnicas ni en argumentos racionales complejos, sino en una demostración visual extrema. La escena transmite la idea de que la camioneta puede soportarlo todo. Desde el diseño, esto se refuerza con líneas rectas, proporciones firmes y una estética sólida que comunica fuerza y confiabilidad. La forma acompaña al mensaje: se percibe como un vehículo hecho para el trabajo pesado y para condiciones exigentes.

En el anuncio no se hace hincapié en aspectos como la seguridad, la comodidad, el consumo o la eficiencia. El foco está puesto casi exclusivamente en la resistencia y la capacidad mecánica. Quien la elegía lo hacía buscando un vehículo durable y potente, más que confortable o tecnológico.

La coherencia entre el mensaje publicitario y la identidad del producto es lo que explica el impacto del comercial y la consolidación de la Serie F como referente dentro de su segmento.


Link: https://youtu.be/IIc_nG1IvkM?si=-HMut-j01cYoOAkI

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Oriol
2/28/2026 10:18:23 am

Link anuncio: https://www.bing.com/videos/riverview/relatedvideo?q=toyota+corolla+1986+publicidad&&mid=37039F2C17DC13F40BD137039F2C17DC13F40BD1&mmscn=stvo&FORM=VRDGAR

Aunque hay varios anuncios del Toyota Corolla del 1986 decidí este porque tiene un punto de atractivo en la manera en que describe el vehiculo cantando un tipo de canción y el tono divertido de voz del hombre que lo describe durante la publicidad... Creo que tambien puede ser una buena estrategia comercial salir de los estandares sociales, ya que normalmente se hacen anuncios de coches que lo que buscan es mucha profesionalidad y dar una impresión espectacular sobre el vehiculo para captivar al publico. Pero pienso que de esta manera más "preculiar" tambien puedes conseguir visibilidad y que la gente recurde el anuncio y el auto.

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Juan Carlos Catalán Lapaz
3/3/2026 08:56:14 am

En esta entrega elegiria el R12 TS de 1969, listo a sustituir en el mercado al SEAT 124, 1430, al Austin 1300 y competir con el SIMCA 1200.
Su diseño alargado, con cierto estudio aerodinamico en su trasera no pasaba desapercibido además de ofrecer un buen comportamiento dinámico en carretera. Sobresalia su comodidad, relativa amplitud interior y unos excelentes acabados. Ciertamente estaba destinado a aquellos que pudiendose permitir su precio (elevado para la epoca) disfrutaban de un coche con aire deportivo, buenos acabados interiores, comodidad, estable aunque carente de potencia en su motorcito de gasolina, problemas mecánicos sobre todo en el embrague. Insisto que era un coche cuya linea se apartbado de la tipica caja de cerillas (carroceria cuadrada) e integraba linea semiaerodinamicas. Su mensaje era claro: soy un vehiculo para la familia, comodo, fiable y distinto...

Reply
Diego
3/4/2026 04:07:34 am

Modelo y año:
BMW M3 – anuncio de finales de los 80.

Mensaje principal: Ingeniería y rendimiento puro.

El anuncio gira en torno a precisión, competición y control. No es lujo ni comodidad; es herencia de circuito llevada a la calle.

Eso se traduce en el diseño: pasos de rueda ensanchados, postura baja, líneas tensas y funcionales. Nada es decorativo. Todo parece tener un propósito técnico.

El coche no intenta agradar a todos. Está pensado para quien entiende lo que significa conducir.

Reply
Ioana Iuliana Chirila link
3/5/2026 03:00:34 pm

https://www.youtube.com/watch?v=SDlI7K-X05E - 1985 BMW E30 advert USA

Si nos fijamos en el anuncio, el diseño del E30 no es casualidad. Iba directo a por esa clase media-alta de los 80 que quería demostrar éxito profesional, pero se negaba a llevar un coche aburrido "de rico". Esa mezcla de éxito y rebeldía es justo lo que se ve en el coche: por fuera es un sedán sobrio y elegante que queda bien en cualquier parking de empresa, pero sus proporciones (ese capó largo y el morro con los faros dobles tan agresivos) te dicen que tiene alma de deportivo. Me encanta el contraste del vídeo, lo ves en sitios de lujo pero siempre quemando rueda. Al final, el diseño es exactamente eso, un traje de etiqueta hecho para alguien con corazón de piloto.

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